Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie.

Emily Dickinson.

 

Hoy se celebra el Día Internacional de La Mujer Emprendedora y antes de continuar con el artículo, me gustaría empezar con algunas cifras de estudios recientes.

Si atendemos a los datos arrojados por el Observatorio de Igualdad y Empleo, podemos ver que una de cada tres personas trabajadoras por cuenta propia en España es mujer, según la encuesta del tercer trimestre de 2018 de la EPA.

Me parece importante fijar el detalle en la «Tasa de Actividad Emprendedora» (TAE, en adelante), mediante esta tasa se analiza de forma integral diferentes componentes del proceso de emprendimiento, desde la idea de emprender hasta la consolidación de la empresa y según el último informe GEM disponible, en España la brecha de género entre las mujeres y los hombres en la Tasa de Actividad Emprendedora es de un 10,2%.

En términos comparativos y para contextualizar en el «Global Entrepreneurship Monitor: Informe GEM Global 2018-2019» analizan la actividad relacionada con la actividad emprendedora a nivel global. Incluyendo estadísticas desagradas por sexo a lo largo de los años 2017 y 2018 y, en general, el índice de actividad emprendedora de las mujeres se encuentra por debajo del de los hombres; en concreto, este informe trabaja con el Índice de Contexto de Emprendimiento Nacional (NECI), que evalúa las condiciones del ámbito emprendedor dentro de distintas economías, ocupando España el puesto 16 de 54 países que han participado en el proyecto. De cada diez hombres emprendiendo ya hay nueve mujeres que lo hacen, al menos en España y, sin embargo, el 81% del tejido empresarial son hombres.

Es cierto que la evolución de los datos del emprendimiento en mujeres es buena pero no lo suficiente. Comparativamente España está arriba de la tabla, ¿significa que somos mejores? No, significa que, en comparación a otros países, estamos mejor. De hecho, si tenemos en cuenta la TEA femenina podemos ver que estamos en un 4,7%, frente al 6,3% que es la media europea y creo que es imprescindible que vaya de la mano de la tasa de intención femenina para emprender que en nuestro país es de un 5,7% frente al 12,4% de la media europea.

¿Y en Castilla-La Mancha?

En Castilla-La Mancha y, en concreto en Guadalajara no nos podemos olvidar del factor rural que caracteriza nuestra demografía y la vida social y empresarial. Sin ahondar demasiado en el emprendimiento rural femenino, que hoy no es su día, sí es importante tener en cuenta las características cómo emprende la mujer rural frente a la mujer urbanita.

Para empezar, es interesante partir de la tasa de actividad en Casilla-La Mancha y fijarnos en la brecha de género, más alta que en la mayoría del resto de comunidades autónomas, hay que conjugarlo con el perfil socioeconómico de las personas que emprenden en nuestra comunidad, el cuestionario que elabora el GEM para nuestra región en 2019. En cuanto a la brecha de género en nuestra comunidad podemos ver qué Ciudad Real tiene una mayor brecha de género (19%), situándose Guadalajara en un 11%, el mejor dato de toda la comunidad.

En cuanto al proceso de emprendimiento que analiza el mismo informe, se puede observar que existen diferencias entre el proceso emprendedor de las mujeres y el de los hombres, superando estos últimos a las mujeres en casi todas las fases del proceso, como se puede ver en el siguiente gráfico:

En casi todas las fases del proceso los hombres superan a las mujeres, resultando curioso como en la fase potencial nos encontramos con una brecha de género del 19,4%, mientras que en la fase naciente disminuye hasta un considerable 12,6%, siendo esta la única fase en la que hay más porcentaje de mujeres que de hombres.

Sin embargo, se vuelve a aumentar la brecha a proporciones considerables hasta el 21,2% cuando ya se consolida una empresa en Castilla-La Mancha.

Me parece interesante comparar esta situación con el panorama nacional; si analizamos las diferentes fases del proceso de emprendimiento podemos observar cómo las brechas de género entre mujeres y hombres más elevadas se encuentran en las fases de «emprendimiento naciente», un 18%, y en «empresa consolidada», un 20%. Por su parte, la brecha de género en la fase de «emprendimiento potencial» (al comienzo del proceso de emprendimiento), es casi nula. Tanto las mujeres como los hombres tienen intención o una idea de emprender, la cual, en el caso de las mujeres, no se llega a materializar.

Comparativamente, nuestro panorama no es muy diferente al nacional, según las cifras, y se llega a la inevitable conclusión de que las mujeres sí tienen la idea de emprender, pero no llegan a materializarlo. Y aquí son importantes las siguientes cifras que arroja el Informe GEM España 2018-2019.

% de la población española de 18-64 años que percibe que HOMBRE MUJER
Existen oportunidades para emprender en los próximos 6 meses 45,8% 39,2%
Posee los conocimientos y habilidades para emprender 85% 82,3%
El miedo al fracaso como un obstáculo para emprender 31,5% 34,2%
Conoce a otras personas que han emprendido el año anterior 57,7% 52,2%

 

Llama poderosamente la atención cómo percibiendo ambos sexos que poseen una percepción parecida a los conocimientos y habilidades para emprender y, sin embargo, hay una gran diferencia entre la creencia de que existen oportunidades para emprender, así, las mujeres tienen un mayor miedo al fracaso.

Quizás sea más productivo para este tipo de análisis en el futuro centrarse en cómo las estructuras sociales más tradicionales patriarcales influyen en cómo emprende una mujer y por qué toma la decisión de dejarlo en la tercera fase del procedimiento.

En necesario incorporar la perspectiva de género en el análisis del emprendimiento, tanto de mujeres como de hombres. No podemos llegar a conclusiones fiables sin hacer una correlación mínima entre los condicionantes que propician la creencia de este fracaso, sobre todo, sin tener en cuenta el nivel de corresponsabilidad de cada comunidad autónoma, el estado civil de las emprendedoras, así como, su edad y el número de hijos que tienen. Todos estos factores, en el estudio del comportamiento femenino son relevantes, no porque nos definan como mujeres, sino porque todavía son factores a los que estamos irremediablemente atadas, al no existir un nivel de corresponsabilidad, y no digamos de conciliación familiar y laboral, aceptable.

El emprendimiento femenino, bajo mi punto de vista, es una redundancia. Se puede entender el emprendimiento desde muchas perspectivas, aunque creo que en muchos de los casos es para solucionar las fricciones que los métodos tradicionales suelen causar, emprender es innovar, intentar aplicar métodos, tecnología, usos y costumbres de una manera mejor y más útil para el conjunto de la sociedad. Y las mujeres emprendemos desde que venimos al mundo porque, habitualmente, sufrimos esas fricciones en la imposición de los roles y estereotipos de género que fijan unas metas imposibles de conseguir, que ponen obstáculos en un camino que, para los otros, suele estar allanado por el propio sistema. La mayoría de mujeres emprendedoras con las que he tenido la suerte de rodearme tienen que lidiar con una familia, de la que tienen toda la responsabilidad, con el rol de cuidadoras de sus mayores y, también, con su propia empresa, que muchas nos tomamos como nuestro proyecto de vida. No es fortuito que el 81% del tejido empresarial español sean hombres, siendo las mujeres el 51% de la población mundial total, así como, tampoco son fortuitos los caminos que tomamos a la hora de emprender, en su gran mayoría, proyectos de gran calado social o que potencian el rol de cuidadoras.

Al final del día, ser mujer es emprender.

 

 

Sandra Herranz Casas

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